
Un peregrino viajaba con sus padres camino de Compostela. En Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) fue denunciado por una joven por un robo que no había cometido a consecuencia de sus negativas hacia los deseos de ella. Al encomendarse a Santiago fue salvado de la muerte. Los padres le contaron el prodigio al juez del lugar y este, a consecuencia de su incredulidad vio cómo resucitaban el gallo y la gallina asados que se disponía a comer, prueba de la verdad del suceso.
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